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Femenino o masculino: una falsa elección

Por en 13/05/2018 – 02:54  Sin comentarios

Pam Alfrey Hernández, MAPP '14, creó The Right Reflection™ en febrero de 2015 después de ser pionera en la carrera de Woodmen Life, con sede en Omaha, donde en 2008 ascendió al rango de directora de operaciones y la primera directora mujer del equipo después de 125 contratos. The Right Reflection™ es una firma de una consultoría de desarrollo de liderazgo, entrenamiento y tutorización con sede en Omaha, Nebraska. Es frecuente que de conferencias y presente posters en diferentes congresos y seminarios. Los artículos de Pam para Noticias de Psicología Positiva están aquí.



Traducido por Pilar García.

“¡Los niños no juegan con muñecas!”

“¡Las chicas no deberían ser ruidosas y bulliciosas!”

“¡No seas un mariquita!”

“¡A ningún chico le gustarás si siempre los vences!”

Por mucho que nos guste pensar que estas normas obsoletas de género han seguido el camino de los hula-hoops y los teléfonos de princesa, no lo han hecho. Todo lo que se necesita es dar un paseo por el pasillo de juguetes de tu tienda favorita para ver que las expectativas para el comportamiento apropiado de niñas y niños siguen igual. El hijo de un amigo mío ha aprendido esta desgarradora lección. Le gusta jugar con Barbies, pero las esconde si vienen sus amigos porque “se supone que los niños no juegan con muñecas”.

Entonces, ¿qué tienen que ver las normas de género, fuertemente impuestas, con el bienestar psicológico? Tienen mucho que ver.

Adulterio del cerebro

Las normas de género fuertemente aplicadas son perjudiciales tanto para los niños como para las niñas, hombres y mujeres.

Las normas de género se aplican antes en los niños que en las niñas. Según Carol Gilligan, “entre los niños de entre cinco y siete años, es la edad en que los niños que cruzan los límites de género, se llaman niñas o gays o maricones, existe una alta incidencia de trastornos de aprendizaje y del habla, problemas de atención y comportamiento fuera de control. Los niños muestran más signos de depresión que las niñas hasta la adolescencia, el momento en que se establece la división entre las niñas buenas y las malas, reforzada por prácticas, a menudo viciosas, de inclusión y exclusión”.

Las niñas en la adolescencia comienzan a cometer “adulterio del cerebro”, según Gilligan. Aprenden a engañarse a sí mismos. Pueden ser fieles a sí mismos y mantener sus voces honestas, o pueden tener amigos, encajar, complacer a sus padres y, lo más importante, obtener la aprobación de niños y hombres. Es a esta edad que las chicas comienzan a crearse a sí mismas. Se autocensuran porque aprenden que ser ellas mismas es demasiado costoso.

Gilligan cuenta una anécdota sobre Anne Frank, la niña de 13 años que llevaba un diario de su tiempo escondiéndose de los nazis. A principios de 1944, se enteró de que el gobierno holandés iba a construir un museo para los esfuerzos de resistencia después de la guerra. Soñando con convertirse en una escritora famosa, editó 324 páginas de su diario para su publicación porque la versión en bruto era demasiado honesta. Ambas versiones fueron encontradas. En su mayor parte, su padre publicó la versión editada.

Como notó Gilligan, “la capacidad de recuperación de las chicas se ve comprometida cuando descubren que deben silenciar sus voces para ser aceptadas y amadas. Lo que es socialmente adaptativo, es psicológicamente costoso y en última instancia políticamente costoso también”.

Hice una charla de TEDx titulada “Adultery of the Brain: Why Women Commit It and How to Stop

Desde la adolescencia hasta el final de la vida, las niñas y las mujeres sufren el doble de la tasa de depresión que los hombres, según Nolen-Hoeksema. Las normas de género fuertemente impuestas requieren que tanto hombres como mujeres nieguen partes de sí mismos. Los efectos son perjudiciales

Interacción entre orientación de género y bienestar

Un interesante estudio realizado en septiembre, se midió la relación entre la orientación de género y el bienestar. Etiquetaron los rasgos de personalidad que están asociados con el rol estereotipado del género femenino como expresivo y los asociados con el rol estereotipado del género masculino como instrumental. Usando estas etiquetas, describieron los siguientes cuatro grupos:

  • Aquellos que obtuvieron puntuaciones altas en rasgos expresivos y bajo en rasgos instrumentales fueron considerados expresivos.
  • Aquellos que obtuvieron puntuaciones altas en rasgos instrumentales y bajas en rasgos expresivos fueron considerados Instrumentales.
  • Aquellos que obtuvieron puntuaciones altas tanto en rasgos expresivos como instrumentales fueron considerados andróginos.
  • Aquellos que obtuvieron puntuaciones bajas tanto en rasgos expresivos como instrumentales se consideraron indiferenciados.

Hicieron que los participantes completaran tres medidas: Escalas de bienestar psicológico de Ryff (PWB); la escala del fenómeno Clance Imposter (escala IP); y el Cuestionario de Atributos Personales Extendidos (EPAQ, ver el artículo de Spence, Helmreich y Holahan).

¿Qué encontraron?

  • En todas las subescalas de Bienestar, excepto Relaciones positivas con los demás, el grupo andrógino obtuvo una puntuación más alta seguido por el grupo instrumental (masculino), el grupo expresivo (femenino) y finalmente el grupo indiferenciado. Los autores concluyeron que una combinación de características masculinas y femeninas resultó en el mayor bienestar.
  • Significativamente más mujeres que hombres cayeron en el grupo expresivo (femenino) en comparación con el grupo instrumental (masculino), pero 1/3 de las mujeres cayeron en el grupo andrógino. Los autores concluyeron que estos hallazgos reflejan un alejamiento de los roles de género estereotipados, particularmente entre las mujeres universitarias.

Tiene sentido pues cuando negamos partes de nosotros mismos para ser aceptados en la sociedad, el efecto es de desorientación y agota la energía. Imagine un mundo donde hombres y mujeres puedan abrazar y exhibir todas sus cualidades. Vale la pena esforzarse por ello.

Referencias

Hernandez, P. A. (2014). The right reflection: Improving women’s self-acceptance. Capstone for the MAPP program, University of Pennsylvania.

Gilligan, C. (2011). Joining the Resistance. Polity Press.

Nolen-Hoeksema, S., & Jackson, B. (2001). Mediators of the gender difference in ruminationPsychology of Women Quarterly, 25(1), 37-47.

September, A. N., McCarrey, M., Baranowsky, A., Parent, C., & Schindler, D. (2001). The relation between well-being, imposter feelings, and gender role orientation among Canadian university students. The Journal of Social Psychology, 141(2), 218-232. Abstract.

Spence, J. T., Helmreich, R. L., & Holahan, C. K. (1979). Negative and positive components of psychological masculinity and femininity and their relationships to self-reports of neurotic and acting out behaviors. Journal of Personality and Social Psychology, 37(10), 1673-1682.
http://dx.doi.org/10.1037/0022-3514.37.10.1673

 

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