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¿Para quién es el perdón?

Por en 14/11/2011 – 11:15  Sin comentarios


By  en julio 21, 2011

Traducido por: Stephanie Hernández Sánchez

Prakriti (“Paki”) Tandon, MAPP ’10 tiene varios años de experiencia en el espacio de los Medios y la Televisión. Recientemente, fue presentadora y productora en CNBC-TV18 en Nueva Delhi, India.  Ahora Paki trabaja en varios proyectos para el espacio de los medios, y espera fusionar su pasión por la psicología positiva con sus talentos y habilidades con las cámaras. Biografía Completa.

Los artículos de Paki están aquí.

La historia

Hace unos 21 meses atrás, mi madre fue víctima de un asalto a mano armada. Apenas un mes de nuestro año MAPP, dos pistoleros se hicieron pasar por estudiantes de Universidad buscando hospedaje y por medio de manipulaciones lograron entrar a la oficina que mis padres han presidido por casi 4 décadas. Sacaron las pistolas y objetos contundentes debajo de sus chaqueta, ataron las manos y pies de mi madre con cinta adhesiva y exigieron saber “dónde estaba el dinero”.

Mis padres tenían dinero guardado por años en la oficina para los contratistas que generalmente vivían al día y necesitaban adelantos inmediatos no sólo para dar comienzo a trabajos, sino para terminar con el trabajo. Mis padres confiados usaron algo de un código de honor en su lugar de trabajo, dejando estos fondos en cada folder de los trabajadores para tomarlo cuando llegaran a la oficina. Con el paso del tiempo han habido robos pequeños y ladrones, pero mejor que nada el sistema trabajó, y a pesar de la cautela de mi madre y protestas ocasionales, la compasión de mi padre por sus trabajadores siguieron adelante, y el sistema continuó.

Lamentablemente, un día llega cuando su confianza es abusada de la manera más grotesca. Como el primer agresor armado, el más pequeño y rechocho de los dos, gastó más cinta adhesiva del rollo para ponerle en la boca y cabeza de mi madre, ella preguntó con su voz dulce y firme, “¿Por qué estás haciendo esto, hijo?, ¿Qué es lo que quieren?” El responsable le respondió con un apodo materno y un epíteto. “ ¡Callate perra!” gritó, y golpeó a mi gentil madre en la cara con el arma contundente.

El agente del FBI que encabezó el caso permaneció sonriendo cuando escuchó cómo mi madre llamó al agresor “hijo”, como una madre tierna y compasiva podía hacerlo. Por ahora, después de muchísimas conversaciones telefónicas y reuniones cara a cara con mi madre, incontables horas pasó estudiando los detalles del caso, y años de encuentros en persona con el más desagradable espécimen de nuestra humanidad, él tiene un radar fino para el bien y mal. Su sonrisa, una delicada fusión Duchenne de admiración y desconcierto intimidado, expresó su reconocimiento de mi madre como lo mejor de la humanidad en la peor de las caras.

Lo que enseña la historia

El recordar esta experiencia me incita a llorar todo el tiempo, no sólo porque me imagino a mi amada madre en este escenario, también debido a la completa perversidad de un humano al dar una respuesta tan violenta a la diametral opuesta compasión del otro.

Para mi madre, el evocar este trauma le recuerda (en sus palabras) “Mantenerlos en la luz” Traducción: Perdonar sus transgresiones y no buscar su deceso, sino su elevación. ¿De dónde viene esta trascendencia? ¿Cómo es capaz mi madre no sólo de aplacar su enojo y poner en práctica el perdón, sino al grado de desear exaltación a sus agresores?
Mi madre encontró un pedazo de escritura, en particular en la secuela de su trauma que ella volvía el tiempo y otra vez ayudarla a conducir el sendero de la curación. Les hago saber, ella debería ganarse un diploma honorífico de MAPP por su insaciable sed por todo nuestro material de lectura. Ella bebió cada libro que llevé a casa, y seguía deseando más. Mi madre a la vez profesora de univesidad y auto-proclamada literaria demonio no podía conseguir lo suficiente (mientras tal vez tenía más de lo que podía masticar), y fue mientras estudiando minuciosamente uno de sus favoritos, The How of Happiness de Sonia Lyubomirsky, en el que se topó con un extracto del perdón.

Aprendiendo a perdonar

En esta sección, titulada “Aprendiendo a Perdonar” Lyubomirsky enfatiza que el perdón es “algo que tu haces para tu persona y no para la persona que cometió el error”. Estoy maravillada con la naturaleza contra-intuitiva de esta declaración; por lo general ¿no pensamos en el perdonar como un acto altruista?

Fue observando a mi madre navegar tras esta experiencia terrible que entendí que el beneficio verdadero del perdón se encuentra en el acto más egoísta de permitirlo en nuestras vidas. Durante estos meses difíciles, mi madre se encaró a un castigo potencial que fue incluso más pesado que el de otros agresores podrían recibir. Corría el riesgo de encadenarse a su propio coraje, su propia “falta de perdón”, como Worthington y Scherer etiquetan la reacción del estrés que la mayoría de las víctimas de una experiencia de transgresión interpersonal experimentan seguido inmediatamente de la transgresión.

Lyubomirsky transmite una historia que subraya este punto: El ex Presidente Bill Clinton preguntó a Nelson Mandela cómo podía ser capaz de perdonar a sus carceleros, y Mandela respondió, “ Cuando caminé fuera de la sala, sabía que si continuaba odiando a esas personas seguiría en prisión”. El perdonar parece ser una necesidad, no una opción, si uno quiere seguir adelante con una vida libre, liegra, resiliente. En efecto, Worthington y Scherer encuentran que “Perdonar puede ser usado como una emoción-centrada en sobrellevar la estrategia para reducir la reacción estresante de una transgresión”.

Otro estudios indican lo mismo, hay una correlación positiva entre el perdón y la resiliencia. La búsqueda Doctoral de Broyles encuentra estadísticamente signitificativa, aunque baja, una correlación entre el perdonar y la resiliencia.

Así que ¿deberíamos reafirmar la relación entre el perdonar y la resiliencia? ¿Cómo podríamos maximizar la utilidad de perdonar como herramienta hacia volver a florecer después de un evento adverso?

Stephen Post habla largo y tendido acerca de llegar a ayudar a otros como una vía sólida hacía florecer, y puedo imaginarme los beneficios para las víctimas que buscan perdonar no sólo mejorar su propio florecimiento, sino que además desean la elevación de sus propios agresores. Pero este estudio es para otro día (lectores: ¡por favor siéntanse libres de insipirarse y realicen un estudio sobre esto! Participantes del estudio1 y 2: Mi madre y Nelson Mandela). Se acerca la fecha de juicio y mi madre se prepara para encarar a sus agresores una vez más, es un ejemplo del perdonar y la resiliencia consecuente. No hay duda, ella tendrá una copia de El Cómo de la Felicidad en mano para estar firme en el curso y sentir como su enojo se alza o se debilita.

References

Broyles, L.C. (2005). Resilience: Its relationship to forgiveness in older adults. Doctoral Dissertation. Retrieved from gradworks.umi.com. (3177245).

Lyubomirsky, S. (2008). The How of Happiness: A Scientific Approach to Getting the Life You Want. New York: Penguin Books.

Post, S. and Neimark, J. (2007). Why Good Things Happen to Good People: How to Live a Longer, Healthier, Happier Life by the Simple Act of Giving. New York: Broadway Books.

Worthington, E. and Scherer, M. (2004). Forgiveness is an emotion-focused coping strategy that can reduce health risks and promote health resilience: Theory, review, and hypotheses. Psychology & Health, 19, 385-405.

Images
Bound and Gagged courtesy of Meredith Farmer
Hold in the light courtesy of Cayusa
Nelson Mandela courtesy of World Economic Forum
Resilient Juniper Tree courtesy of Stefan

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