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La Segunda Ola de la Psicología Positiva

Por en 10/08/2021 – 12:17  Sin comentarios

Marta Velázquez Gil es psicóloga e investigadora. Ha publicado investigaciones en revistas científicas y en congresos a nivel nacional e internacional. Su mayor interés se centra en el estudio de los términos culturales y su relación con el bienestar. Dentro de esta temática, su mayor pasión es el sisu, un término finlandés que apela al espíritu y fortaleza que permite a las personas perseverar a través de las dificultades a pesar de sentir que han llegado al final de sus capacidades físicas o mentales. Sus artículos están aquí.



Hace unos días me llegó a casa un libro que quería leer desde hacía tiempo: ‘Second Wave Positive Psychology: Embracing the Dark Side of Life’ (La Segunda Ola de la Psicología Positiva: Abrazando el Lado Oscuro de la Vida). Había oído hablar acerca de la ‘segunda ola’ de la psicología positiva pero hasta ahora no me había decidido a indagar y profundizar más acerca de este tema. Los autores de este libro, ‒Itai Ivtzan, Tim Lomas, Kate Hefferon y Piers Worth‒ no son los primeros en hablar de esta segunda ola. B. S. Held en 2004 ya usó esta frase y Paul Wong en 2011 identificó y explicó este nuevo movimiento.

Pero, ¿qué es la segunda ola de la psicología positiva?

En sus primeros años la psicología positiva se diferenció a sí misma de la ‘psicología tradicional’ haciendo un fuerte énfasis en los estados positivos del ser humano. Mientras que la psicología tradicional ponía el foco en los estados mentales ‘negativos’, la psicología positiva compensaría este balance a través de enfocarse en las cualidades positivas. Además, dentro de esta caracterización, había el mensaje implícito de que las experiencias y estados negativos no eran deseables, y por lo tanto, la gente debería intentar evitarlos, mientras que las cualidades positivas eran necesariamente beneficiosas y deberían promoverse. La psicología positiva estaba promulgando una dicotomía positivo-negativo bastante polarizante.

Sin embargo, durante los últimos años, académicos y estudiosos dentro del campo de la psicología positiva han empezado a adoptar una visión más matizada de las nociones de ‘positivo’ y ‘negativo’, de manera que se ha reconocido que cualidades positivas pueden a veces ser perjudiciales para el bienestar, mientras que los estados mentales negativos pueden a veces contribuir al florecer humano.

Held sugirió que este acercamiento más matizado de las nociones de ‘positivo’ y ‘negativo’ puede ser descrito como la segunda ola de la psicología positiva, y siguiendo la misma línea, Wong llamó a estos nuevos avances dentro del campo como ‘2.0’.

Lo positivo puede ser negativo

La positividad puede ser perjudicial cuando se usa en exceso o dentro de un contexto tóxico. Sinclair, Hart y Lomas hallaron que la presión para ser positivo puede causar daños en contextos particulares, ya que puede disuadir a las personas de enfrentar la realidad de su situación. Esto da como resultado la negación tanto de la realidad de las circunstancias difíciles como de las emociones que las acompañan, por lo que la positividad forzada puede ser un mecanismo de afrontamiento evitativo.

Por su parte, Held describe la presión de ser positivo o feliz como un rasgo cultural distintivo en América del Norte. También observa que la presión para ser feliz y optimista en circunstancias desafiantes puede llevar a las personas a ignorar o negar emociones negativas como la tristeza o la ira, y por lo tanto, obstaculizar su capacidad para evaluar las circunstancias de la vida de manera realista.

McNulty y Fincham en su investigación sobre actitudes positivas y bienestar entre parejas de recién casados, encontraron que el perdón promovió el bienestar en las relaciones saludables, pero que fue perjudicial en las relaciones no saludables. El estudio demostró que el perdón aumenta la probabilidad de que el abuso se repita, ya que el abusador interpreta el perdón de la víctima como un permiso tácito para continuar el abuso. Estos sorprendentes hallazgos muestran que el perdón en una situación de abuso puede agravar el mismo y recalca la importancia del contexto a la hora de estudiar los rasgos y cualidades positivas.

Lo negativo puede ser positivo

Hay aspectos de la vida que a menudo son considerados como negativos y que sin embargo conducen a nuestro bienestar. Por ejemplo, enfrentar el desafío y el disconfort tiene un gran potencial de crecimiento, curación y transformación en nuestras vidas.

Si hablamos por ejemplo de la ira, esta ha sido presentada como una emoción destructiva e indeseable, cuyas consecuencias pueden ser devastadoras si no se sabe canalizar. Beck la presentaba como una manifestación del odio y una causa fundamental de males como la guerra. Pero si bien la ira es una emoción con valencia negativa, aún puede tener el potencial de tener un resultado positivo si se despliega de forma hábil. Por ejemplo, se ha argumentado que la dinámica de la ira moral ha ayudado a impulsar los movimientos sociales que han surgido en las últimas décadas, desde el feminismo hasta los derechos civiles. Martin Luther King Jr., en su lucha por los derechos civiles, desplegó una ‘ira justa’ que articulaba una visión que le permitía luchar sin ser cegado por el odio.

La tristeza, por su parte, es una emoción que también ha sido a menudo catalogada como indeseable por su disconfort. Sin embargo, la tristeza puede surgir como una respuesta compasiva al sufrimiento en el mundo. La tristeza puede llevar consigo mensajes importantes, como por ejemplo cuánto nos preocupamos por alguien o algo. Asimismo, puede ser una fuente de inspiración o de significado. Incluso puede albergar belleza.

Por otra parte, Norem destaca el «poder positivo del pensamiento negativo», por ejemplo, la conexión entre el pesimismo y el afrontamiento proactivo. Aquí podríamos diferenciar entre pesimismo «puro» (una suposición fatalista de lo peor) y pesimismo estratégico (detección anticipada de fallas y resolución de problemas). Una mentalidad pesimista puede impulsar a una persona a prepararse ante problemas potenciales, disminuyendo así la probabilidad de que estos realmente se produzcan.

Los cuatro principios

La segunda ola de la psicología positiva se sustenta en cuatro principios fundamentales:

  • Valoración: este principio advierte contra la identificación categórica de los fenómenos como positivos o negativos, ya que tales valoraciones son fundamentalmente dependientes del contexto. Por ejemplo, el optimismo «excesivo» puede conducir a errores de cálculo del riesgo, mientras que el pesimismo puede ser ventajoso si conduce a la prudencia según el contexto.
  • Co-valencia: este principio refleja la idea de que muchos fenómenos son mezclas complejas entre luz y oscuridad, positivos y negativos. Podemos pensar en la forma en que la esperanza implica un optimismo anhelante por una meta futura, pero que aún está socavada por la ansiedad de que tal vez no se cumpla.
  • Complementariedad: este principio considera la idea de que existen fenómenos de la experiencia humana que son opuestos y que conviven el uno con el otro y se complementan. Podemos poner de ejemplo el amor. Las dos caras del amor son fundamentalmente inseparables: cuanto más fuerte e intenso es el amor de uno por el otro, mayor es el riesgo de angustia si la relación termina en contra de la voluntad de uno.
  • Evolución: este principio nos permite contextualizar la idea misma de la segunda ola. Podríamos ver la psicología convencional, con su aparente preocupación por los aspectos negativos del funcionamiento humano, como la tesis. Al criticar esto y abrazar fenómenos positivos, la psicología positiva se presentó como la antítesis. La siguiente etapa de este proceso dialéctico es la síntesis, en la que se conservan las verdades tanto de la tesis como de la antítesis, mientras se superan las fallas en sus respectivas posiciones.

Conclusión

La segunda ola de la psicología positiva nace en un intento de dar respuesta a las críticas que ha suscitado tanto la psicología tradicional como el campo de la psicología positiva. Es una síntesis, como decía anteriormente, que aúna los esfuerzos de estudiosos y académicos que han dirigido parte de sus investigaciones a allanar el camino y dar luz a nuevas formas de entender la experiencia humana de una manera más matizada y realista. De esta forma, son ya numerosos los estudios existentes dentro de esta segunda ola los que intentan abarcar y comprender el funcionamiento humano apreciando todo el espectro emocional. Este es un enfoque imprescindible y tiene un gran valor, pues la experiencia humana no se puede resumir en un conjunto de opuestos polarizados, sino que más bien es una amalgama de oscuros y claros, y por ello merece ser abordada desde un enfoque más integrador.


Referencias

Beck, A. T. (1999). Prisoners of hate: The cognitive basis of anger, hostility, and violence. New York: Harper Collins.

Held, B.S. (2004). The negative side of positive psychology. Journal of Humanistic Psychology, 44(1), 9-46.

Held, B. S. (2002). The tyranny of the positive attitude in America: observation and speculation. Journal of Clinical Psychology, 58(9), 965-91. doi: 10.1002/jclp.10093. PMID: 12209859

Held, B. S. (2001). Stop smiling, start kvetching; A 5-step guide to creative complaining. New York: St. Martin’s Griffin.

Ivtzan, I., Lomas, T., Hefferson, K., & Worth, Piers. (2015). Second Wave Positive Psychology: Embracing the Dark Side of Life. London: Routledge.

McNulty, J. K. (2010). When positive processes hurt relationships. Current Directions in Psychological Science, 19(3), 167-171. 

McNulty, J. K., & Fincham, F. D. (2012). Beyond positive psychology? Toward a contextual view of psychological processes and well-being. American Psychologist, 67(2), 101–110. https://doi.org/10.1037/a0024572

Norem, J. K., & Chang, E. C. (2002). The positive psychology of negative thinking. Journal of Clinical Psychology, 58(9), 993-1001

Norem, J. K. (2001). The positive power of negative thinking. New York: Basic Books

Lazarus, R. S. (2003). The Lazarus manifesto for positive psychology and psychology in general. Psychological Inquiry; 14(2): 173–189.

Lomas, T. (2016). Flourishing as a dialectical balance: emerging insights from second-wave positive psychology. Palgrave Communications. 2:16018 doi: 10.1057/palcomms.2016.18.

Lomas, T., & Ivtzan, I. (2016). Second wave positive psychology: Exploring the positive-negative dialectics of wellbeing. Journal of Happiness Studies, 17(4), 1753-1768. doi: 10.1007/s10902-015-9668-y

Sinclair, E., Hart, R., & Lomas, T. (2020). Can positivity be counterproductive when suffering domestic abuse?: A narrative review. International Journal of Wellbeing, 10(1), 26-53. doi:10.5502/ijw.v10i1.754

Wong, P.T.P. (2011). Positive psychology 2.0: Towards a balanced interactive model of the good life. Canadian Psychology/Psychologie canadienne, 52(2), 69-81.

Zembylas, M. (2007). Mobilizing anger for social justice: The politicization of the emotions in education. Teaching Education, 18(1), 15-28. doi: 10.1080/10476210601151516

Crédito de las fotos

Foto del libro Second Wave Positive Psychology cortesía de Marta Velázquez

Foto de Martin Luther King Jr. cortesía de Trikosko, Marion S., photographer.

Foto de las olas cortesía de Enrapture Captivating Media

Foto de estantería con libros cortesía de Marta Velázquez


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